Asi inicia una sexteta popular que aprendí en Veracruz. Pero en este momento quiero hablar sobre el sonido que se amplifica con el uso de aparatos electrónicos, modernos, de una sofisticación tal y simplificados a la vez.
Antes de saberme o considerarme músico había tenido inquietudes y experiencias relacionadas con el audio. Recuerdo cuando mi abuelita compró su mini componente de audio para la sala de su casa, con sonido estéreo, con un ecualizador de 5 bandas para cada canal más unos predeterminados, doble casetera en donde una grababa (se podían duplicar o personalizar los casets!), toca discos y radio AM y FM. Era el gran avance tecnológico en la familia que provenía de la casa de la abuela!! Desde entonces me gustaba ir a escuchar mi música preferida a su casa. Tiempo después, ella misma le regala a mi hermano la versión compacta de su mini componente: una grabadora portátil con bocinas desprendibles, doble casetera, AM, FM y un botón grande que al activarlo robustecía el sonido de una manera brutal! XBASS de color rojo. Con esas bocinas me gustaba acostarme en la cama y situar una en cada lado de la almohada. UUhh! Estaba yo entre los músicos, volaba mi imaginación y asi me quedaba dormido. La verdad es que en casa siempre tuvimos con qué escuchar música pero a mi papá le gustaba escuchar la música a decibeles menores a los de una conversación!! cosa que me frustraba pero respetaba puesto que argumentaba que el placer de escuchar música se encuentra a bajos volúmenes. Bueno, no quiero quedarme en este tono para pasar a la adolescencia.
En la secundaria estudié la carrera técnica de ELECTRICIDAD. Asi es, todo lo que se refiere a circuitos eléctricos lo entiendo bastante bien. El comportamiento, los riesgos y peligros, su conducción, etc… Al mismo tiempo aprendía a tocar la guitarra sexta, la jarana y después el requinto, arpa, leona, etc… Y también fue en esa época cuando recibí de mi maestro Gilberto unos audífonos con Walkman SONY!, o sea, estaba yo al día con la tecnología portátil de la época y disfrutaba de buena música en todo momento. Ya andaba solo en camiones asi que me gustaba diferenciar entre los que tenían buen sonido instalado y los que no. Usualmente los choferes jóvenes traían buen equipo, al menos ruidoso, pero su música no me gustaba en la mayoría de las veces asi que los evadía si tenía tiempo para mi traslado. En ese caso prefería los camiones con pobre equipo de sonido.
Una decisión temprana para volverme músico profesional fue en la ocasión en que escuché por primera vez un ensamble magistral de son jarocho, se trataba de Octavio Vega en el arpa, Ramón Gutiérrez en el requinto de cinco cuerdas y Gilberto Gutiérrez en la jarana tercera. Era de noche, el lugar donde nos encontrábamos estaba lleno de madera y con techo de palma, a nuestro entorno cada vez menos ruido, se preparaba la música para ir al Encuentro de Jaraneros de Tlacotalpan. Yo quedé en la posición que hoy usaría cualquier ingeniero de grabación que pretenda grabar al trío con un solo micrófono estéreo, inerte para evitar expulsión, listo, supervisando afinación y todo lo que se hace previo a iniciar una práctica seria entre músicos serios. Inicia el son el requinto, le siguen los trinos del arpa y junto con el bajeo entra la jarana. Aquello era un galope de notas sin fin que me llevaron al más allá, al envolvente mundo en donde se encuentra la paz, la felicidad, en donde es posible empezar a reir o llorar o dejar de respirar… El canto entra y me vuelvo a la realidad para ser golpeado por un lado y por el otro quedando siempre yo en el mismo lugar. Balance total. El cuerpo me vibraba sin poderlo explicar. Creí que sanaba con tan solo escuchar. Esa noche salí con una sola convicción, con una sola razón por la cual cargar un pedazo de madera con cuerdas sobre mi pecho y con mi pecho cantar. Pero para lograrlo había que caminar y escuchar más. Volví a casa en el último camión de la ruta Diaz Mirón-Las Vegas con un codo reclinado y fuera de la ventanilla y mi cara asomada para sentir como volar.
Después me convertí en músico profesional, viajé tocando con Son la Plaga y Mono Blanco por muchos años, a veces en fandangos, otras muchas más en festivales o ferias, Encuentros o eventos dedicados al son, conciertos y hasta grabaciones de estudio. En ese andar me entregué totalmente a las manos de los ingenieros, de los técnicos y de los ayudantes aprendices de estos. La verdad es que siempre me intrigaba su mundo pero yo tenía que ocuparme del mío. También era intimidante ver tanto aparato, cables y lucecitas por todos lados, asi que mejor me resguardaba en mi espacio dedicado como músico. Muchas veces nos sonorizaban con equipo impresionante pero de baja calidad, lo sabía por el simple resultado, más no por otra razón. Usualmente los “sonideros” incluían en su servicio 5 micrófonos más raqueados que trompo rezumbador, con pedestales que se tambaleaban más que mi abuelo en noche de fin de semana y una sonorización peor a la de un taller mecánico! Sin embargo, con el tiempo, los tiempos fueron cambiando. La tecnología se puso al “alcance” de los mortales y cada vez más nos encontrábamos en eventos en donde el sonido estaba a cargo de los mismos organizadores o trabajadores del lugar en donde tocábamos. En los viajes a Estados Unidos, Europa y en los foros de alto nivel en México aprendí a diferenciar entre lo bueno y lo malo. Entre quien es bueno y quien es malo dentro de un ámbito en donde el recurso material no es el problema número uno. En el zócalo de la ciudad de México, en el teatro Metropolitan, en el CNA, en CU, en el civic center de San Francisco, en el Lincoln Center Fest en NYC, etc… Y asi se fueron acumulando experiencias con el audio. Pero no me importaba mucho cuando se trataba de grandes foros o festivales puesto que tienen mucho recurso tanto material como laboral asi que me interesaba mucho más el evento comunitario, el Encuentro de Jaraneros menor en recurso que el de Tlacotalpan pero igual en importancia, la Casa de Cultura, el Centro Cultural, etc…
Ya entrado en los veintes conozco a otra persona que me sensibiliza en el mundo del sonido electrónico, se trata de “El Inge Poyo”, Ricardo Díaz. El me invita a la intimidad de su estudio con pase al conocimiento, me muestra y explica ciertas funciones de los cientos de botoncitos dentro y fuera de la pantalla de la computadora mientras hacíamos unas rolas mezcladas de son, rock, hip-hop y electrónica, entre otros. Me motivó tanto que hasta me compré mi primer computadora y micrófono (gracias a Gema Sandoval y a Quetzal Flores!) y una interfase (gracias a Marco Amador). Pasé tantas madrugadas explorando sonidos y sus mezclas, técnicas de microfoneo y estilos que al día siguiente llevaba con harto orgullo a mi maestro Poyo para que me dijera la verdad tras una carcajada que denotaba misterioso gusto, algo asi como cuando un niño pregunta mucho y quiere llegar al más allá afianzado al conocimiento. En fin, en ese estudio aprendí a respetar la delicadeza de las frecuencias, de los efectos, de los volúmenes, de la música en laboratorio… Ese ambiente me distrajo por muchos años, se llevó varios dólares de mi cuenta bancaria y largas horas de día, noche y madrugadas.
Sin embargo la música viva siguió siendo mi fuerte, lo acústico. Había pasado con mis instrumentos jarochos por Quetzal (el grupo de chicano de rock) y con ellos viví momentos de terror ante el FEEDBACK que no se alejaba de mi en varios escenarios. Frustrado terminaba los conciertos en donde la preocupación era más grande que mi goce con la música. El problema era yo con mis instrumentos acústicos y mi ampli, no los técnicos de audio con sus monitores. Dejé de tocar rock y me vuelvo a lo puro acústico.
Ya para entonces llevaba cerca de 20 años como músico, asi que empecé a notar algo a lo cual mostraba cada vez menos y menos tolerancia: mal equipo de sonido en eventos locales en donde íbamos, donando nuestro trabajo, gente con experiencia a apoyar con música, oratoria, películas, etc… ¿Qué sucede en esos casos? El esfuerzo de todos se va a la basura. En veces el audio es pobre en otras es demasiado, en ambas causa fatiga y pérdida de atención. Pero el problema se acercó más y más a mi puesto que en un centro de trabajo mio se encontraba un equipo de sonido básico, completo y que era sub-aprovechado. En los eventos se usaba pero quien lo instalaba no sabía ni tenía el más mínimo conocimiento. Toqué con mis estudiantes y sonó del carajo! Entonces se juntaban dos cosas: mi experiencia y el esfuerzo de los novatos se desperdiciaban. Qué hice? Me acerqué al director y le hice una oferta: yo me encargo del audio pero me prestas el equipo para aprender a usarlo bien. Hecho!
CONTINUARÉ…