Ha vuelto a la ciudad de Los Angeles uno de los músicos más importantes dentro del ambiente del son jarocho: don Andrés Vega Delfín y junto con él su hijo Octavio Vega, su nieta Raquel Palacios y su entrañable amigo Gilberto Gutiérrez. En años anteriores (2001-2003-2009), Vega había venido para tocar con el grupo Mono Blanco y a dar un taller pasajero de dos horas y después de casi 10 años lo tenemos aqui gracias al esfuerzo de varias personas, entre las que puedo mencionar estan Jacob Hernández, Paty Parroquín, Raymundo, Libby y Emilio a quienes de manera personal les agradezco su altruismo.
Por un lado tengo un gusto enorme de poder escuchar la música del “güero Vega”, de poder cruzar algunas palabras reflexivas sobre la vida y la vejez, también pudimos expresar el extrañamiento que nos guardamos puesto que solíamos tocar juntos por más de 15 años, por su puesto que también bromeamos y reimos como bien sabemos que se debe hacer en esta vida. Me enfoco a él, pero esto mismo y de diferente manera ha sucedido con cada uno de “los monos” en esta ocasión. Vega no cambia, es el mismo señor campesino, pescador, músico, bailador, abuelo… su cuerpo sí, ya esta más cansado puesto que 81 años no se cargan a la ligera. Ahora trae una guitarra nueva hecha exprofeso para unas manos cansadas pero con ganas de seguir tocando. En una noche ya pidió una silla para seguir tocando. Ya canta menos.
Por otro lado veo a una afición ausente. Recuerdo que cuando decidí venir a esta ciudad, una de las cosas que me motivó y ayudó a dar este paso, fue la manera en que la gente mostraba interés y respeto hacia esta música, casi me veía en esas caras y manos torpes que todos cargamos cuando principiamos. Hoy, cuando llego a Guadalupe Custom Strings y escucho que esta aburrido, que se siente como en pesebre nomas engordando, me da tristeza y hasta culpa. Tristeza porque a su edad más debiera de estar con su esposa alla en casa disfrutando de lo que es su vida. Y culpa porque ni yo he podido atenderlo a como él me atendería si yo llegara a su pueblo. Pero también porque no he podido hacer entender a la afición angelina que don Andrés Vega es un músico excepcional al cual debemos de escuchar, analizar, ver, sentir y si se deja hasta grabar. Algo no conecta con la razón, la inercia de una vida rutinaria es difícil de romper.
Existen nuevos grupos y estudiantes de son jarocho en esta zona conurbada que se han formado a partir de 2005, año en que me vine a LA y en este espacio quiero expresar un grado mi inconformidad y decepción hacia mi trabajo. Pero vamos a darle un final feliz a este texto, vamos a torcer la dirección sentimental a la que te he traido haciendo un esfuerzo por contactar a Jacob/Guadalupe Strings y agenda tu cita para convivir con don Andrés, Octavio, Gilberto y/o Raquel.
Saludos y espero que reflexionemos un poco más y mejor hacia nuestros maestros y maestras, hacia nuestros abuelos y abuelas, no hay que ser tan descuidados, irresponsables, irrespetuosos, arrogantes, pagados de sí, ingenuos, incongruentes, etc…. Discúlpame si te sientes ofendido pero no es mi primera intención.
César Castro
PD: Este texto es una reflexión basada en mi y no en ningún grupo o persona en particular. Falta análisis…