EL CANTO: talón de Aquiles del Movimiento Jaranero (por César Castro)
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Gracias por llegar hasta este blog en donde hoy expresaré mi más grande inquietud respecto al auge jaranero de los últimos lustros: el canto del son.
Mi primer maestro de son jarocho fue don Andrés Alfonso Vergara, originario de Tlacotalpan, Ver.; y él tenía (y aún tiene) un particular modo de cantar con vibrato en una voz veterana y firme. Esa fue mi primera buena impresión que tuve después de escuchar a los cantantes nasales de los conjuntos jarochos que acompañaban a los ballet folcklóricos o que andaban en los restaurantes de Mandinga y el Conchal a donde algunas veces íbamos la familia a celebrar cumpleaños.
Ya después conocí el canto de los Mono Blanco, recuerdo que Octavio Vega era la voz que más me atraía y la describiría como una voz juguetona y suelta. También estaba Gilberto Gutierrez quien con un gesto de suma seriedad soltaba sólidas notas con harta fuerza siempre. Y ya como último del trio aquél estaba el hermano Ramón Gutiérrez quien se veía forzado al cantar y casi incómodo. Más tarde conocí al papá de Octavio: don Andrés Vega. Era el más veterano de todos, una voz ladina y melodiosa. Y asi fuí conociendo más y más voces: la de Juan Pascoe con su acentote pero con harta energía; la de Tacho Utrera con su característico “galillo” y rancherona; Darmasio Cobos con una voz mucho más delgada que su complexion; Willy Ludwig con su voz acaribeñada; Rodrigo Montané con una voz muy controlada y estudiada; Adriana y Wendy Cao Romero las primeras voces femeninas que llegaron a mis oidos; Francisco García Ranz con su peculiar estilo arrebatao; Antonio García de León con su distintivo timbre ladino; en fin, todas ellas voces afinadas. Y al único que recuerdo como desafinado era a un santiagueño llamado Hilario Diez.
Recuerdo que cuando empecé a cantar (siendo todos los arriba mencionados mis mayores y cercanas influencias ya sea en persona o por grabaciones) le pregunté a Pablera y a Elia: ¿Canto afinado? Y la respuesta era de miedo pero para mi fortuna fue un: “Sí, tú no te preocupes, sige cantando”. Ese banderazo me dió confianza y al mismo tiempo me comprometió a seguirle por ese camino.
Y con esto no pretendo más que decirle a la banda que anda soltando la voz que habemos los que naturalmente encontramos la entonación pero hay quienes necesitan un poco de ayuda o sobre todo atención en lo que hacen. En este momento se anda escuchando más gente desafinada que afinada y no solo eso, sino que también hay un cantar desatinado! es decir, siendo de ciudad y querer interpretar un canto ranchero NO es fácil y ser de ciudad y tener que adaptar un canto al son jarocho tampoco es fácilmente aceptado. Y entre las piernas nos llevamos al fandango inundado de versos cantados de tantas maneras, lamentablemente, desafinadas. Y la música a veces no anda mal, de hecho creo que eso esta fuerte pero el canto no se desarrolla facilmente y menos en la juventud y menos fácil en los hombres.
Por otro lado la tecnología e internet brindan una posibilidad de exponerse sin límites ante la afición, inundándose asi los espacios cibernéticos con videítos y mp3 de interpretaciones mal cantadas de los sones jarochos. Bueno, hasta se llega a pensar que el son jarocho ahora se canta o debe cantar gritando y desafinado. Qué piensas tú?
De las grabaciones mejor logradas en cuanto a afinación se refiere encuentro: “Arcadio Hidalgo y el Grupo Mono Blanco”, “Al Primer Canto del Gallo”, “Fandango” y “El Mundo se va a Acabar” del grupo Mono Blanco. Los del grupo SIQUISIRI. Todos los de Son de Madera y en especial el de “Las Orquestas del Día”. El de SONEX. El del grupo Son de Barro “Agua y Tierra”. El de Ensamble Contínuo. El de “Sones Antigüos” del grupo Zacamandú.
El estilo es variable, la afinación no. Hasta pronto!